CURSOS DE FORMACION

Los seleccionadores transmiten en Zaragoza a los alumnos del CES su amor al baloncesto

Scariolo y Hernández, junto a Miguel Martín, Director del CES

25/07/2011


“Lo que me llevo al baloncesto es la principal motivación que me mantiene en él: el amor al juego. Os recomiendo que ese amor que os lleva a hacer el Curso Superior lo mantengáis siempre como principal motivo de vuestra labor de entrenadores”. Sergio Scariolo concluyó así su interesante y profunda ponencia a los alumnos del CES.


MIGUEL PANADÉS

Durante más de una hora y media Sergio Scariolo fue respondiendo a las preguntas perfectamente conducidas por uno de los tutores del Curso, Richi Serrés, que le requería sobre aspectos claves de un ejercicio profesional de los alumnos que deberán preparar “sus selecciones”. En ese ambiente especial que sea crea cada vez que uno de los entrenadores referentes “se confiesa” delante del alumnado, sin reservas, sin esconder secretos que quizás si reservaría en otro foro, Scariolo profundizó sobre la importancia de la sinceridad, de la lealtad en el cuerpo técnico, sobre la importancia saber mirarse a los ojos y ser sinceros… en el momento oportuno. Evocó a Pablo Picasso al recordar una célebre frase: “que la inspiración me pille trabajando”.

Hablo el seleccionador de las sensaciones, de la importancia del impacto emocional cada vez que se plantea a los jugadores un nuevo reto, de la información precisa, de la necesaria buena interpretación de esas frías pero siempre válidas estadísticas. Porque Scariolo lleva más de veinte años ejerciendo la profesión de entrenador y durante todo este tiempo ha aprendido que el trabajo en equipo, que la percepción, de la importancia de captar las señales que tantas veces nos mandan de manera inconscientes los jugadores. Durante esas más de dos décadas y en un reconocimiento de enorme valor para todos los entrenadores que empiezan Scariolo ha aprendí a valorar la importancia de la relación personal con los jugadores, de la importancia de saber escuchar, de recoger, sintetizas y rebotar sus sensaciones.

Y las sensaciones a las que él aludía iba transmitiéndolas también al alumnado que, en un clima ideal para observar y asimilar experiencias de alguien que ha conocido infinidad de situaciones diferentes. Porque al final, en ese maravilloso ejercicio que es entrenar, son las vivencias propias y ajenas las que nos permiten crecer. Esa tarde en compañía de un entrenador mediático, de máximo nivel como es el seleccionador nacional pero al final y la postre, de un Entrenador de Baloncesto.

José Ignacio Hernández mira hacia delante

Cinco medallas como seleccionador español en formación y en absoluta y una última experiencia negativa, decepcionante que, sin embargo y según sus propias palabras: “ayudan a un entrenador a ser más fuerte”.

Ser entrenador, de élite o de categorías menos conocidas, conlleva vivir con el éxito y el fracaso, con la alegría de obtener un buen resultado y la tristeza de ver como no se cumplían los objetivos marcados. Y para eso han de estar preparados todos los entrenadores, para saber convivir con esas sensaciones de satisfacción y para encajar con naturalidad no exenta de tristeza alguno de los habituales reveses que nos tiene reservada esta dura profesión. Por eso vale la pena recordar, de principio y con letras bien grandes, que José Ignacio Hernández subió varias veces – cinco – al podio de los mejores entrenando en formación y en absoluta. Y hay que recordarlo porque la memoria en el deporte suele ser siempre demasiado reciente dejando la perspectiva para un análisis final, cuando ya no hay futuro.

El seleccionador nacional femenino hizo mención a esas sensaciones y lo hizo reivindicando delante de los alumnos la figura de ese entrenador respetado y admirado cuando el balón entra y cuestionado cuando deja de hacerlo. Y ante eso, ante esa realidad procedente del entorno con la cual también debe saber convivir el entrenador, proclamó Hernández mirar hacia delante no sin dejar de reflexionar en los posibles errores cometidos pero huyendo de actitudes masoquistas. Se pierde de la misma manera que se puede ganar y ante eso un técnico tiene que tener dureza mental para levantar la mirada y seguir levantando ilusiones, sueños, ambiciones.





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