RED EXPERIENCIAS FEB

Entre Pesquera y Ponsarnau

03/10/2012


Recopilando toda la información recibida durante los Masters y Curso Superior celebrados este verano en Zaragoza recojo las teorías planteadas por dos maestros, de diferentes escuelas y generaciones, pero de criterios fundamentales para aplicar en baloncesto actual, de formación y de élite.


MIGUEL PANADÉS

Si algo va caracterizando cada vez más la “escuela española de entrenadores” es su capacidad para observar las características de los jugadores y diseñarles “trajes a medida” para potenciar su rendimiento. Durante los Cursos y Masters que organiza la Federación Española lo largo del año y especialmente durante el verano se abre el abanico de criterios, de estilos, de personalidades pero se coincide casi de manera obsesiva en situar al jugador como principal protagonista y beneficiario de toda la cadena de aprendizaje de los entrenadores.

Ponsarnau, este verano, incorporaba un término novedoso sobre el que profundizó: el baloncesto biológico. El entrenador del Assignia Manresa, en su obsesión por formar adecuadamente a los nuevos talentos hacia la realidad del baloncesto, consideraba que esa ya asumida y superada teoría del entrenamiento integrado, debía dar una vuelta de tuerca todavía mayor buscando la excelencia física – y mental - de la mano de la excelencia técnica. Y todo ello enlazado con unas propuestas tácticas – táctica individual – que permitieran al jugador disponer de herramientas para resolver en décimas de segundo las diferentes situaciones que le exige el juego. Un paso más en una formación que, si busca alcanzar el máximo nivel, debe conseguir buenos atletas que además sean capaces de leer el juego y finalizarlo con excelencia técnica. ¿Mucho pedir? Sí, por supuesto que es mucho pedir pero el nivel máximo está ahí, en la excelencia.
Pesquera pedía pausa, pedía levantar la vista y observar, desde el ataque, desde la defensa, dónde estaban las ventajas, dónde podía imponerse el jugador listo, el jugador despierto, el capaz de anticiparse. Y esas habilidades que van más relacionadas con la observación del juego y con la experiencia que se adquiere o se aprende, también se integra, o debe integrarse, en la formación de los nuevos talentos. Pesquera “regresaba al futuro” viajando desde la esencia a las necesidades actuales.

Las nuevas generaciones de entrenadores tienen en maestros del pasado y presente, del presente y el futuro, unos referentes fundamentales para inspirarse en el trabajo con los jugadores de todas las edades. Saber hacia donde vamos nos sirve para preparar a los jóvenes. Para conocer las necesidades para sobrevivir en el baloncesto, unos de élite, otros de “su máximo” nivel. A Pesquera y Ponsarnau los separarán años, experiencia e incluso estilos pero les une esa vocación por observar para luego aplicar. Esa obsesión por diseñar ese baloncesto adecuado a los jugadores.

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