RED EXPERIENCIAS FEB

Arenas o el triunfo de los técnicos debutantes

11/03/2013


El éxito de Unión Financiera de Oviedo sitúa a Guillermo Arenas en la lista de entrenadores debutantes que han conseguido el éxito más desde su experiencia como jugador que por sus vivencias como entrenador.


MIGUEL PANADÉS

“Me aconsejan que piense más como entrenador y menos como jugador” afirmaba recientemente en feb.es Guillermo Arenas, técnico ovetense de 36 años que ha debutado esta temporada en el Ligas Adecco y que celebra, ahora sí, un ascenso ganado desde la insistencia y la brillantez. Arenas es otro entrenador debutante que consigue llevar a su equipo a lo más alto y no es ese un dato casual. Son muchos los casos en el deporte en que exjugadores convertidos en entrenador que, en su primer año, consiguen transmitir perfectamente las consignas a los que hasta hace muy poco eran colegas suyos en un proceso en el que todavía no han dejado de pensar, de sentir, lo que sucede en la pista mientras asimilan su nuevo papel de “jefe”.

Si retrocedemos unas décadas nos encontraremos con Obradovic ganando la primera de sus muchas Euroligas en su primer año de entrenador en el Partizan dirigiendo a los que unos meses atrás eran sus compañeros. Hay muchos casos de técnicos debutantes, bien exjugador convertidos en entrenadores o entrenadores ayudantes que ocupan el puesto del primero. En todo caso técnicos potencialmente válidos que el destino les brinda una oportunidad y la aprovechan perfectamente. Luis Casimiro se proclamó campeón de la Liga Endesa (entonces ACB) en su primer año como profesional. El que esto firma vivió muy de cerca la experiencia de Mateo Rubio, hoy triunfando en el baloncesto uruguayo, al frente de CB L´Hospitalet consiguiendo, como Gullermo Arenas en Oviedo, el ascenso de Plata a Oro en su primer año como entrenador “profesional”. Joan Peñarroya, la pasada temporada, al frente del Andorra también triunfó basando su experiencia en su carrera como jugador profesional y, como técnico, algunas temporadas en Liga EBA, algo parecido a lo que le sucedió años atrás a Quino Salvo.

La historia de nuestro baloncesto está repleta de entrenadores jóvenes – Pedro Martínez, Salva Maldonado, Edu Torres, Paco Olmos… - que mostraron su talento a las primeras de cambio mucho antes de cumplir los treinta. Otros como Pascual o Plaza que esperaron pacientemente desde su posición de ayudantes su oportunidad para mostrar sus capacidades como “Primeros” al frente nada menos que de trasatlánticos como Barcelona o Real Madrid. Jaume Ponsarnau fue capaz de conseguir el regreso del Manresa a la Liga Endesa el año de su debut y Pablo Laso vivió sus primeras experiencias exitosas en Ligas Adecco sin más experiencia – que no es poca – que muchos como jugador de élite. Hay muchos más casos y ese fenómeno invita a pensar que la experiencia, sin lugar a dudas, es un grado a tener siempre en cuenta pero en ese duro mundo de los entrenadores hay otro activo de inmenso valor que es de la frescura de ideas, el de la fuerza e ilusión del “novato”.

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