RED EXPERIENCIAS FEB

Del café de José Ignacio al brindis más mariachi

29/04/2014


El café entre José Ignacio Hernández y Nacho Martínez, el encierro por olvido de Louice Halvarsson en el interior del vestuario o la arenga de Vega Gimeno en el túnel antes de saltar a la cancha fueron algunos de los detalles que escaparon a la atenta mirada de las cámaras de Teledeporte en una noche mágica culminada por una gran fiesta de celebración aderezada a golpe de brindis y rancheras en una cantina mariachi.


PABLO ROMERO / ÁREA DE COMUNICACIÓN FEB

Cae la tarde en la localidad de Rivas Vaciamadrid y el sol comienza a ponerse tiñendo la ciudad con un tono rojizo que anticipa el inicio de una gran noche. Los últimos rayos de luz marcan el camino hacia un Cerro del Telégrafo que está a punto de abrir sus puertas a los cientos de espectadores que aguardan impacientes protagonizando una actividad inusual para una noche de viernes un tanto diferente en la Comunidad de Madrid.

El final de la historia… todos ustedes lo conocen pero, transcurridas 48 horas desde que las madrileñas escribieran la página más brillante de su historia, cerramos el libro de los recuerdos con un último capítulo, aquel en el que desvelaremos los secretos más íntimos de una noche cuyos protagonistas jamás olvidarán.



Flechas y Halcones en el camino de llegada:

Nadie quería perderse en la localidad madrileña el segundo asalto de la final. Ambos equipos habían solicitado el apoyo de su público y como tal respondieron unos aficionados que guardaban cola desde dos horas antes del inicio del encuentro rodeando un pabellón que repartían sus escasas entradas por un escrupuloso orden de llegada. Flechas y Halcones protagonizar en las taquillas su primer duelo a la hora de hacerse con las últimas localidades como preámbulo a la batalla de color que estaban a punto de librar en las gradas.

Una pasión que se reflejaba, más que nunca, en la cara de los familiares. Procedente de Estados Unidos y ataviada con su habitual camiseta del Perfumerías Avenida, la madre de Shay Murphy esperaba impaciente el comienzo de partido en unas gradas que no tardarían en acoger a Alfonso, padre de Laura Nicholls, recién llegado desde Santander junto a un grupo de amigos de la pívot internacional o a la familia de una Gaby Ocete muy preocupada a su llegada al pabellón porque no perdieran detalle de una noche en la que parecía presagiar lo que estaba a punto de vivirse sobre el parqué. Precisamente en él se encontraba ya una Laura Gil que pisaba pista por primera vez tras varios meses de lesión dando los primeros pasos hacia un regreso que no podría ser esa misma noche como ella misma hubiera deseado.



Un café para José Ignacio en una tarde de costumbres:

Mientras tanto, el ruido de una cucharilla contra la taza rompía el silencio en la oficina de los técnicos del Rivas Ecópolis. A poco más de una hora para que diese comienzo el encuentro, José Ignacio Hernández saboreaba el habitual café que le suele acompañar cada tarde de partido en el Cerro del Telégrafo. Una dulce rutina junto a su ayudante Nacho Martínez con la que afrontaba un día en el que tenían muy claro que las costumbres no deben de cambiar ni siquiera cuando los dioses del baloncesto te citan con su historia.

Y así se entendió en un vestuario en el que la última hora previa al partido no distaba lo más mínimo de la de un día cualquiera. La música en los auriculares de Rachel Allison ayudaba a la norteamericana a concentrarse mientras la “recién llegada” Halvarsson daba forma a las ya famosas trenzas de Jasmine Hassell. A tan sólo unos metros, Gaby Ocete se calzaba sus habituales calcetines amarillo fosforito a juego con las zapatillas de una Queralt Casas que ataba cuidadosamente sus cordones muy pendiente de los gritos de ánimo de una Laura Nicholls que rompía la tranquilidad del vestuario activando a sus compañeras instantes antes de saltar a la cancha.


Vega Gimeno activó el punto de no retorno:

Con las jugadoras ya reunidas en el túnel de vestuarios, Vega Gimeno se preparaba para pronunciar las últimas palabras antes de pisar la pista del Cerro. Frida Eldebrink cerraba con llave la puerta del vestuario para escuchar la arenga de la valenciana cuando de repente… “¡UN MOMENTO, FALTA LOUICE!” Una voz alertaba de la ausencia de la pívot sueca a quien su compatriota Eldebrink había dejado encerrada por despiste en el interior de un vestuario del que trataba de escapar forzando el pomo.

Subsanado el contratiempo llegaba al fin el momento. Palmadas, gritos de ánimo y… una voz que se imponía al grupo, la de una Vega Gimeno a la que le bastaban únicamente 4 palabras para motivar a sus compañeras: “Hoy es el día”.



Una lectura diferente a golpe de gestos:

La gran fiesta del baloncesto alcanzaba su primer pico de la noche cuando el colegiado Germán Morales lanzaba el balón al cielo para dar comienzo choque. Un salto inicial que despertaba diferentes maneras de entender el partido desveladas a través de los gestos de sus protagonistas.

Sin margen de error, los componentes del Perfumerías Avenida eran los encargados de sufrir. El ir y venir constante del responsable de prensa charro, Germán Rubio, por uno de los fondos acompañaba al desgaste de la banda de un Víctor Lapeña que podría haber sumado perfectamente 40 minutos de juego en la estadística de su equipo. Y es que, la intensidad en el juego salmantino se generaba a través de la energía que transmitía un banquillo en el que Marta Xargay devoraba sus uñas tras su primer cambio por faltas personales.

En el margen totalmente opuesto un Rivas Ecópolis cuyo alcalde, José Masa, sufría desde el palco con cada acción de un equipo al que ha acompañado desde sus inicios. El máximo mandatario de la localidad trataba de disimular -sin mucho éxito- su pasión por un equipo que hacía volar los globos rojos en el graderío con cada canasta provocando un ir y venir constante en un José Ignacio Hernández que distaba ya mucho del relajado consumidor de café del pre-partido.

Los gestos entre jugadoras, las miradas sobre la cancha, la tensión de cada acción o incluso el nerviosismo tan habitual de las finales hacían sin embargo las delicias de unos espectadores que disfrutaban a través desde casa a través las cámaras de Teledeporte y, sobre la propia cancha donde embajadores FEB de la talla de Fernando Romay o Jorge Garbajosa no perdían detalle. Junto a ellos, unas Elisa Aguilar y Amaya Valdemoro que se encontraban con el corazón dividido ante la gran final entre dos equipos de los que vistieran sus camisetas. Preguntarlas por el nombre del ganador hubiese sonado a un “¿a quién quieres más, a mamá o a papá?” del que difícilmente hubiésemos obtenido una respuesta clara. Lo que sí podía intuirse con mayor facilidad sería el sentimiento de morriña de las que fuera campeonas de Europa ante un encuentro del que perfectamente podían haber sido aún protagonistas.



Y entonces apareció Laura Nicholls:

Inmersos en el ambiente de fiesta del Cerro del Telégrafo, el ir y venir constante de canastas hizo emerger la figura de una Laura Nicholls letal. La jugadora interior había tirado de carácter en los primeros compases hasta que llegó su gran momento: corría el minuto tres de partido cuando un robo de Eldebrink dejaba a Nicholls sola ante el aro. Con algo más de 7 metros para resolver, la cántabra corrió la pista, marcó los pasos y saltó para machacar a una mano un aro bajo el que levantaba de sus asientos a Valdemoro y Aguilar.

La que fuera capitana de la selección tardaría apenas unossegundos en compartir con sus más de 33.000 followers una acción que comenzaba a correr como la pólvora en los muros de Twitter despertando el interés por una final en la que las madrileñas levantarían su primer título de Liga.



El momento soñado… pilló de imprevisto:

Habían soñado durante años las jugadoras del Rivas Ecópolis con poder levantar un título que entraba en pista de la mano de José Luis Sáez. El presidente de la FEB entregaba a Clara Bermejo el ansiado galardón que acreditaba al conjunto madrileño como el rey de un campeonato liguero que dejaba sin palabras a una Gaby Ocete muda ante las cámaras de Teledeporte. La base balear se dejaba llevar por la emoción en uno de los momentos más emotivos de una noche en la que sus lágrimas se convertían en fiel reflejo del sentimiento de su equipo.

Ocete cautivaba al espectador dando comienzo a una noche en la que la celebración pilló de improviso. Tras festejar el título sobre la cancha con aficionados y familiares, las madrileñas buscaban a la carrera un lugar en el que celebrar la tradicional cena de equipo. Aunque, como ya imaginarán, en una noche de viernes y sin reserva… Finalmente, los brindis de celebración comenzarían, pasada la media noche en una cantina mexicana de la localidad donde los burritos, nachos, quesadillas y enchilladas corrían por las mesas sustituyendo el tradicional tequila por el champagne con el que se brindó, una y otra vez, por un título que es ya parte de la historia.

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