RED EXPERIENCIAS FEB

La realidad de los entrenadores

20/02/2012


Saber convivir con las opiniones del entorno. Una de las asignaturas que todo entrenador debe aprobar. Seleccionamos algunos artículos de opinión al respecto de la final de la Copa del Rey.


Miguel Panadés

Xavi Pascual ha ganado todos los títulos ganables en las últimas temporadas. Pablo Laso fue cuestionado hace pocas semanas por su derrota en Bilbao. Ahora el baloncesto ensalza a Laso y cuestiona a Pascual. ¿Es eso lógico? Da igual, es la realidad de TODOS los entrenadores.

No se trata sólo de prensa, especializada o no. Se trata del mundillo que rodea al baloncesto, desde jugadores, entrenadores también, aficionados en general más o menos entendidos, incluso directivos del propio club. Todos sin excpeción tienen potestad para analizar en la forma que deseen las decisiones tácticas, las propuestas de juego, el rendimiento de los jugadores. Nadie se siente capaz de machacar el aro como lo hace Ndong o anotar triples imposibles como Llull o Carroll pero la mayoría que rodea al baloncesto sí se siente capaz de ponerse en el papel del entrenador y valorar positiva o negativamente sus decisiones.
Si ese entorno es la prensa, entonces esas opiniones quedan grabadas o escritas y por lo tanto cuando son negativas el efecto que produce a la hora de leerlas o escucharlas es siempre especialmente duro para los entrenadores.

La diferencia entre el técnico y el resto del mundo es el tiempo de ejecución de las decisiones. El entrenador se anticipa a los hechos mientras que el entorno los enjuicia una vez han sucedido. Esa ventaja es determinante en el análisis, es la que impide un debate en igualdad de condiciones y es la que suele dejar al entrenador perdedor completamente indefenso ante el veredicto del entorno. Y eso, amigos, forma parte de la realidad del entrenador. Y eso le sucede a Pascual hoy o a Laso antes de ayer pero también a Casadevall en Burgos o Navarro en Huesca. Eso forma parte de esa llamada “soledad del entrenador” que enfoca las luces del éxito hacia los jugadores cuando se gana y proyecta el foco del fracaso a los entrenadores cuando se pierde. Es así, guste o no guste, para todos sin excepción, ya sean entrenadores de élite con contratos millonarios o “invisibles” en equipos de formación o de ligas autonómicas que se entregan a la tarea de dirigir equipos desinteresadamente.



Lo que dice la prensa...

MARCA - Pablo Martínez Arroyo: Las hormigas y un amigo italiano
Llegábamos al pabellón con tiempo, un amigo italiano y el que les escribe. Lo hacíamos para saborear un recinto mítico para un individuo de apenas 1,80 al que le dejaron ganarse las castañas con este juego unas temporadas. En ningún otro pabellón recibimos una lección parecida. Una semana antes de la Copa del 92, el Barça de Epi y Solozábal nos explicó cómo se competía: 35 puntos de diferencia. Y, oigan, como Estudiantes que éramos algo se nos quedó para la semana siguiente. Nos acabó felicitando hasta un señor de La Casa Real, en nombre del Rey, cuando Eduardo Portela nos dio la Copa. Y eso que Su Majestad de baloncesto...

Una hora antes del inicio sólo había hormigas. “Creí que eran más altos”, se atrevió a decirme el amigo italiano desde el vomitorio del segundo anfiteatro. Mi amigo es de la Juve, ya le perdonarán. Por eso cuando bajamos al parqué y le expliqué que entre los dos quintetos iniciales ningún jugador bajaba de 1,90, fue directo al grano: “Pablo, estas hormigas te matan. ¿Qué hacías ahí?”. Es que en mi época jugaba ese que ves con el traje, algo de barriga y poco pelo. “Ya entiendo”. Ese también me mataba, pero porque era listo como el hambre.

Entre las hormigas del inicio no estaban dos de mis favoritas. Ni Sergio Rodríguez ni Navarro. La final, de momento, no iba con ellos. Con quien sí parecía ir era con el señor bajito del traje. “Claro, como me has dicho que fue el MVP”. Que Laso hubiera sido el MVP como jugador se nos había ocurrido como una de las fortalezas del Madrid de cara a esta Copa. Algún buen aficionado nos apuntaba, con buen tino: “No es lo mismo ser el más valorado como jugador que como entrenador”. La diferencia es obvia. En el primer caso tienes la pelota en tu poder. En el segundo puedes tener en tu poder al dueño de la pelota. Por ejemplo a Llull, el hombre de la final, que por primera vez en su carrera dibujó enteramente un partido con el cerebro de Laso.

“El Madrid está muy fuerte en defensa”. Ya saben cómo son los italianos, con sus catennacios y qué razón tienen a veces. El Madrid necesitaba defender como nunca para volver a dominar a un Barça que lo hace siempre. Pero seguramente esa condición necesaria no sería suficiente. Faltaba inventarse un jugador. El líder de un grupo de hormigas enormes, todas de 190 centímetros hacia arriba, capaz de pensar que las hormigas de enfrente, casi imbatibles, ofrecerían un hueco por donde colarse. El pequeño base Laso se inventó al gran entrenador Llull y mi amigo entendió por un momento cómo los bajitos pueden dominar el baloncesto.


DIARIO AS - Pedro Ferrándiz: Laso y Llull, las claves del éxito
Este título ha sido un triunfo total y absoluto de Pablo Laso, que rompió los esquemas totales del entrenador del Barcelona Regal. Xavi Pascul esperaba un partido con contraataques y no los hubo. Fue un planteamiento fantástico, con un juego estático., cosa que no es habitual en el Madrid made in Laso. Todo el mundo pensaba que ese era su punto flojo, que se atascaba, pero no fue así. Además, creíamos que el Madrid necesitaba el contraataque para anotar 90 puntos. Tampoco. La segunda clave de la victoria madridista fue Sergio Llull. Laso encontró a un jugador que supo interpretar lo que él quería milimétricamente. Y dirigió y anotó… ¡Un hallazgo total! Nadie creía en él. Hubo dudas cuando Laso quiso devolverle al puesto de base, pero está demostrando ser un maestro en la conducción del equipo. Ahí estuvieron las claves: plantearle un partido al Barça que no se esperaban con un Llull que fue el gran intérprete.
Este título al Real Madrid le va a sentar maravillosamente con vistas a todo lo que se les viene encima: Euroliga, Liga Endesa… Fue un partido decisivo, que va a influir en el futuro de los Clásicos, pero no creo que sea suficiente para hundir al Barça. Por último, felicitar al Madrid y desearle que siga adelante para reverdecer nuestro palmarés, que falta nos hace.


DIARIO AS – El cuaderno de Antoni Daimiel: El Real Madrid debe amortizar este título
Sorpresa con sabor a gloria
El Real Madrid rompió apuestas y pronósticos con una victoria incontestable contra el favorito. Un triunfo que la sección debe amortizar, más aún con Florentino Pérez en el palco, viviendo uno de los mejores momentos de los últimos tiempos como presidente del club. Los golpes así saben mejor si son imprevistos. Antes del partido se pagaba 3,5 a una victoria blanca en las principales casas de apuestas deportivas. La puesta en escena del equipo sobre el parquet presagió algo grande, anotando por real decreto, con dos o tres apuestas defensivas muy claras a nivel táctico e involucrando a un alto número de protagonistas. Llull, Carroll, Suárez, Singler, Pocius, Mirotic, y Begic tuvieron altas cuotas de intervención y resolución. Triunfó el baloncesto rápido y atrevido, el juego de muñeca.

Atacar para ganar
El responsable deportivo de la sección de baloncesto del Barcelona, Joan Creus, destacó en el descanso del partido en Teledeporte el alto porcentaje de acierto en los tiros del Real Madrid. Al equipo de Laso le entró todo pero en casos así el azar es menos caprichoso. Este equipo ha entrenado y ha jugado desde septiembre para eso, para que le entre todo. Su apuesta baloncestística es muy antigua o muy moderna según a quién le preguntes. Y Laso, que llegó aproximadamente con la misma aceptación popular que Manzano al Atlético, le ha ganado el primer título al eterno rival y dos de sus tres primeros enfrentamientos.

Raza blanca, tirador
Jaycee Carroll decidió el partido como sólo pasaba antes. Actuaciones así lamentablemente ya no se ven. 22 puntos de un pistolero compulsivo en diez minutos de juego para un parcial de 14-33 que decidió un título. Mormón, misionero, raza blanca, tirador. Ya le había metido 16 puntos al Barcelona en el partido de Liga. En la tradición de Brabender, Walter Szczerbiak, Brian Jackson y Dalipagic. Cuando el Real Madrid tuvo la oportunidad de asegurar su fichaje, hace un año, recibió la oposición del entonces entrenador, alegando problemas de estatura. Afortunadamente, el tamaño no tiene que ver con la estatura.

Recordando a Ricky
El Barcelona naufragó en términos estrictamente baloncestísticos, la mejor causa para pensar en la recuperación. Comenzó el partido con impropios errores defensivos, recibió catorce puntos en los primeros cinco minutos de encuentro y no ajustó tras las ayudas defensivas del Real Madrid sobre Lorbek. Perdía balones y sólo ofreció tres asistencias en la primera mitad del encuentro. Sólo Ndong mantuvo al equipo en una primera mitad en la que Lorbek se ausentaba y Navarro fallaba hasta desde la línea de tiros libres. Estos tres protagonistas devolvieron al Barça al partido al mismo tiempo que Llull mantenía su exhibición particular. El menorquín puso en evidencia a los bases rivales y más de un culé, repasando los highlights de la NBA, recuerda que Ricky Rubio con 20 años ya había ganado tres veces la Copa, con gran protagonismo en esos títulos. Luego, con el 51-52, llegó Carroll al partido como Clint Eastwood entró en el salón, en el bar de Sin Perdón, bajó el ruido de las espuelas contra la madera.


Diario Sport – Nacho Solozábal: Derrota sin paliativos
Vaya partidazo del Madrid. Los hombres de Pablo Laso pasaron como un ciclón por el Sant Jordi. Se impuso el concepto de juego del técnico blanco frente al de Xavi Pascual. Su efectividad ofensiva fue decisiva frente a un Barça flojo en defensa y con muchas dudas. Puede que el inicio inmaculado del Madrid marcara el futuro de la final. Ir siempre a remolque pesó como una losa en las expectativas blaugrana. Punto y aparte merece la actuación tanto de Llull como de Carroll. El primero, convirtiéndose en el alma de su equipo y pesadilla del rival. El segundo, ejerciendo de verdugo cuando el Barça parecía que podía entrar en el partido. La presión extra que supuso jugar ante su público o el cansancio acumulado en las piernas tras la semifinal ante el Baskonia, también pasaron factura a los jugadores del Barça. Ni Sada ni Huertas controlaron en ningún momento el partido, y sin timón, la nave fue siempre a la deriva. Ahora solo cabe levantarse y mirar hacia delante.


El País – Juanma Iturriaga: El partido perfecto
El favorito era el Barcelona, dominador con brazo de hierro en los últimos tiempos baloncestísticos, pero el que se comportó como un campeón fue el Madrid. En el mejor escaparate posible, el día en que los focos apuntan hacia este deporte más que ningún otro día de la temporada, los de Laso hicieron el partido soñado. Del minuto 1 al 40 dominaron de cabo a rabo el encuentro, los tiempos, el ánimo, y, por supuesto, el marcador.
Esta vez no hubo baches de relajación, momentos de desconexión o falta de criterio sobre el cómo, el cuándo y el con quién. Todo le salió como si el más optimista de sus técnicos hubiese firmado el guión. Se jugó siempre como quería el Madrid, pues el partido fue fluido y no tuvo ni pausas ni trabas, cuestión que siempre despista a los madridistas.
El Barça lo intentó como otras muchas veces cuando los encuentros se le complican y su defensa va poco a poco endureciéndose, asfixiando a sus rivales, pero se encontró con un equipo al que nunca le tembló el pulso. A cada embestida, que ni fueron muchas ni tampoco tuvieron la necesaria consistencia, el Madrid respondió con una entereza y una madurez a la que no nos tiene acostumbrados. Empezando por Llull, que pareció Corbalán por la inteligencia con la que llevó la batuta y Derrick Rose por su tremenda explosividad y capacidad anotadora. Con Llull enchufadísimo, el Madrid tuvo mando y referencia, lo que le faltó casi siempre al Barça, condenado por una versión menor de Navarro, al que en este torneo no se le ha visto nada cómodo. Cuando eres un jugador emisor, de esos que influyen más allá de sus números, no puedes esperar que esas dudas no se trasladen y el Barça, a remolque desde el principio, acusó los problemas de su ángel de la guarda. En la semifinal sobrevivió gracias a un imperial Lorbek, pero el Madrid exigió mucho más que eso y el Barça no llegó.
Con el viento siempre a favor, al Madrid le faltaba atravesar la última prueba, saber cerrar el partido, asignatura indigesta y que muchas veces echa al traste excelentes trabajos iniciales. Y con el Barça poniendo más empuje que claridad de ideas apareció Carroll en forma de ciclón. Su partido debería enseñarse en las escuelas de baloncesto para explicar de qué se trata cuando hablamos de un tirador. A Carroll el bote casi le sobra, pues su objetivo es encontrar unos centímetros de ventaja para levantarse. En esta búsqueda pone su inagotable energía, que le hace capaz de darse cuatro idas y vueltas por la línea de fondo con un defensor pegado a su camiseta hasta que encuentra el hueco por donde aprovechar un bloqueo y recibir la pelota. Sus números fueron escandalosos, pero sobre todo logró desquiciar a las huestes blaugrana, impotentes para frenar a un jugador iluminado.
Sería injusto no nombrar a Carlos Suárez, enorme, ¡y a Begic!, que se fajó con un tipo duro como N’Dong, cuyos nombres es posible que queden algo difuminados por los de Llull y Carroll.
Y por supuesto a Pablo Laso, esa arriesgada apuesta que con este título despeja definitivamente todas las dudas que pudiesen existir. Ha ganado la Copa y lo ha hecho ante un equipazo como el Barça, en su propio terreno y con un juego magnífico en lo práctico y también en lo estético, que también tiene su importancia.
Han sido 19 años de sequía, pero la vuelta a lo más alto del podio ha sido a lo grande. Con un partido perfecto.

El Mundo – Vicente Salaner: Salvando el baloncesto
En el mundo del vino, el gurú Robert Parker cambió el estilo tradicional hacia tintos más oscuros, potentes, con mucho roble. La iconoclasta escritora neoyorquina Alice Feiring lideró la batalla por el regreso a las esencias, a los vinos más naturales y amables, con un libro titulado Cómo salvé al mundo de la parkerización.
¿Podrá un día jactarse Pablo Laso de haber salvado al baloncesto de la maljkovización, del estilo lento y machacón –baloncesto- control según unos, tostón- bol según el periodista Martín Tello– que el técnico Boza Maljkovic impuso en Europa en los años 90? Sí, éste obtuvo muchos títulos, pero aburriendo cada día más al gran público, a los aficionados que buscan dinamismo, velocidad y espectáculo en el deporte colectivo más dinámico, veloz y espectacular que se ha inventado. Es quizá pronto para asegurar que ya está conseguido, pero en el Palau Sant Jordi ha empezado el gran retorno. Se tambalean las verdades teologales del tostón.
Decía uno en broma antes de la final que, de ganarla, el Real Madrid habría de hacer ofrenda de la Copa no sólo a la virgen de la Almudena, sino a las de Fátima y Lourdes. Tan grande ha sido el dominio del Barça en las últimas temporadas. Mientras, el Madrid se debatía en crisis constantes e iniciaba este curso, en el que ha sufrido varias derrotas de las que escuecen, con entrenador nuevo e inexperto y plantilla de mucho potencial ofensivo pero blanda, por físico y por actitud, en defensa.
Pues bien, al final no han hecho falta milagros, sino una fórmula que Laso se guardaba: seguir atacando de manera fulgurante, como el Madrid, pero defender con la concentración, dureza y coordinación del Barcelona.
Es, claro está, una fórmula casi imbatible. Los exégetas del baloncesto- control, como el comentarista de TVE Rafa Vecina, se aferran a ese dicho insulso según el cual «los ataques ganan partidos, pero las defensas ganan títulos», cuando no hay dicotomía alguna: como los más grandes campeones de la NBA o la mejor selección de España han demostrado ampliamente, lo mejor es construir un ataque ultrarrápido a partir de una defensa intransigente. Ésa fue la esencia de los Boston Celtics históricos, del Real Madrid de Pedro Ferrándiz y de Lolo Sainz.
Lo difícil, lo que parecía sobrehumano (y de hecho resultó imposible contra el Gescrap, el Estudiantes, el Montepaschi, no olvidemos...), era que este Madrid inconstante, que va de lo explosivo a lo apático, lo lograse en una final ante el Barça.
Pero este Barça muestra algún signo de desgaste. Y Laso resolvió el problema, por una parte, reduciendo significativamente los minutos de sus defensores más endebles (Ante Tomic 13, Sergio Rodríguez 7); por otra, castigando sin cesar en el poste bajo durante la primera parte y, cuando el Barcelona se puso al fin duro atrás en la segunda, y amenazaba recuperación con Juan Carlos Navarro y Erazem Lorbek, golpeando desde fuera con el inspirado Jaycee Carroll. Pese a la enorme diferencia en tiros libres (30-9 para el Barça), no hubo color.
Vuelve el baloncesto.


El Mundo – José Luis Llorente: El sprint de “Drazen Carroll”
Y entonces apareció. Así era Drazen Petrovic, que convertía en heroicos susmalos días. Podía haber andado con cojera, pero cuando la pendiente era extrema, surgía para coronar, altivo. Así fue en La Coruña, en 1989, la última vez que el RealMadrid levantó, levantamos, la Copa tras derrotar al Barça en la final. El equipo se colocó en situación de triunfar, pese a Drazen, desacertado durante la primera parte, pero crucial en el remate. Concluyó con 27 puntos e hizo suyo un título logrado bajo las mismas coordenadas de ayer. Porque eran los actores clásicos y eran idénticas las circunstancias.
El Madrid de 1989 luchaba por frenar años de autoridad del Barça y lo logramos con sorpresa, aupados por un killer. Ayer, Carroll fue Drazen, de otra manera. Petrovic sumó desde el tiro libre; Carroll, de tres en tres. Llull estuvo estelar, MVP justísimo, en su mejor versión conocida. Con sus triples y dirección, preparó la escena para Carroll y para la consecución de un hito. El título refuerza la moral blanca y quizá redoble su valor en futuro, ante un Barça que sigue siendo algo más sólido.

José Luis Llorente era base delMadrid campeón en 1989.


La Razón – Lolo Sainz: El mejor Madrid en muchos años
¿Cómo de importante es para el Madrid conseguir la Copa 19 años después?
Este club está hecho para ganar, y siempre ha necesitado alimentarse de títulos como el de ayer. Este éxito quizá sea un poco más importante porque habían pasado muchos años desde la última vez. Lo que sí tiene es muchísimo mérito por haberlo ganado en el Sant Jordi y ante un equipo tan poderoso como el Barcelona.
¿Qué le pareció la dirección de Laso desde el banquillo?
Creo que su planteamiento de partido fue magnífico, con una muy buena defensa y sabiendo sacar el máximo provecho de los errores del rival.
El Madrid ha respondido por fin en un momento clave, ¿no?
Hacía mucho tiempo que no veía al Real Madrid jugar tan bien. Es el mejor partido en años. Han firmado 40 minutos completísimos, sin dudar cuando el Barça se acercaba en el marcador.
¿Qué le sugiere la actuación del Barcelona?
Creo que no está siendo el Barça «matador» de otras temporadas. Algunos de los cambios que ha sufrido la plantilla se están notando. Y a Navarro lo he visto renqueante. Se ha visto que hizo un esfuerzo para jugar y estas cosas a veces se te vuelven en contra.


La Razón – Juan A. Orenga: Pablo Laso, el otro MVP
Parecía que iba a ser una Copa sin sorpresa, que podía romperse la tradición, pero no. La sorpresa llegó, lo hizo en la final, y fue de las gordas. No es que pensase que el Madrid no podía ganar. Creo que cada vez el equipo está más asentado, cohesionado y en proceso de crecimiento. Lo comento porque se jugaba en Barcelona, el Madrid estaba en inferioridad de seguidores y los precedentes eran contundentes. Pero el Real Madrid no sólo ha ganado, ha arrasado.
Se ha podido ver un equipo con una defensa sólida y un ataque inteligente y tranquilo. Han leído muy bien las ventajas y han variado su habitual bombardeo desde la línea de tres por un constante martilleo en la zona. Esta apuesta se ha personalizado en un gran Suárez. El Madrid ha sido capaz de desquiciar al Barça, que se ha topado con un muro cada vez que trataba de acercarse al aro.
El control mental ha sido otra de las variables importantes. Pablo Laso ha sabido transmitir la tranquilidad necesaria sin perder la intensidad, incluso cuando parecía que el sueño se complicaba ante la resistencia y la remontada del Barcelona.
Los momentos del tercer cuarto en los que el intercambio de golpes fue constante y alterno, fue lo mejor. Tiempo muerto-reacción- Lorbek. Tiempo muerto-respuesta inmediata-Carroll. Y, siempre, durante los 40 minutos, Llull.
Fue entonces cuando, en el último cuarto, el Madrid remató. Laso cambió la hoja de ruta. Aparecieron los francotiradores y se acabó la historia. Buen partido, buena final, buen espectáculo... Tal vez hayamos presenciado un cambio de poder en la Liga.

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