RED EXPERIENCIAS FEB

A propósito de Lolo…

11/01/2013


“Lolo Sainz, nominado para entrar en el Hall Of Fame”… leo esta noticia e inmediatamente me viene a la mente la figura de un ENTRENADOR ejemplar, de un referente para muchos, de un técnico que se ganó el respeto desde el conocimiento y la elegancia.


Miguel Panadés

En los últimos tiempos se ha oído la palabra “señorío” intentando defender actitudes con palabras cuando, precisamente, el significado de ese término va exclusivamente relacionado con una forma de hacer las cosas de manera tan correcta que no requiere de argumentaciones añadidas. Saber y no presumir de ello, ocupar un cargo máximo sin entonarse, rivalizar sin ofender, hacerse respetar sin abrumar. En definitiva, tener clase, tener categoría y ejercer un cargo de alto nivel con la profesionalidad que implica saber estar, en los buenos y en los malos momentos, ante los tuyos y ante los adversarios, en ambiente favorable y hostil. Y cuando me recreo en esa reflexión y la relaciono con Lolo Sainz, me cuadra. ¿Señorío?: Lolo Sainz.

UNA PEQUEÑA ANÉCDOTA

Bajo a la pista y me viene a la mente una anécdota, simple, seguramente intrascendente en la inmensa trayectoria de una leyenda como Lolo Sainz, pero que siempre la he considerado ejemplar en el ejercicio de la labor de los entrenadores. Siempre que puedo se la menciono a técnicos más jóvenes.

Fue en su etapa de entrenador en Cataluña, al frente del Joventut. Llegó a Badalona, y antes del primer entrenamiento se reunió aparte con Jordi Villacampa y a Rafa Jofresa, los miró a los ojos, les regaló esa sonrisa entrañable, potente en el gesto y en el fondo, y les llamó “mis capitanes”. Les dio galones, les hizo sentir importantes. Villacampa era el referente de ese grupo de jugadores y Rafa Jofresa el cerebro, el director, el base. Ambos jóvenes con talento pero a la sombra de las estrellas del momento que vestían colores azulgranas y blancos. Venía Lolo de años de gloria en el Real Madrid, de una trayectoria que le convertía en un ídolo para todos los que estábamos en ese baloncesto y por supuesto en una figura que podía abrumar a dos jóvenes entonces como Jordi y Rafa. Y de esa reunión ambos salieron crecidos, convencidos de su nivel, ilusionados con el mensaje de su nuevo entrenador, con una sobredosis de motivación en sus venas. Lolo Sainz, el mismo que había dirigido a estrellas indiscutibles como Corbalán o como Delibasic… por citar sólo dos – sería interminable la relación de fueras de serie - en su puesto, les entregaba su confianza. Y eso les hizo subir su autoestima hasta el cielo superando ese año todos los retos en España, superando a los dos grandes, al Barcelona y al Real Madrid.

Lolo Sainz fue un ganador sin que eso le impidiese ser siempre un Señor. Fue un técnico deportivamente ambicioso como el que más pero supo gestionar ese deseo con la capacidad para saber encajar la derrota – pocas veces por cierto – con la dignidad propia de los verdaderos deportistas. Supo triunfar cediendo el protagonismo a sus jugadores, supo representar equipos y Selección Española de manera impecable. Por supuesto que merece estar en Salón de Fama porque pocos entrenadores profesionales en el mundo pueden presumir de su palmarés y muchos menos hacerlo con su elegancia.

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