RED EXPERIENCIAS FEB

La calidad… humana

11/06/2013


Entre lágrimas de emoción Rafa Huertas desveló, al final del quinto partido, uno de los secretos de loas proyectos ganadores de la Adecco Oro. La calidad deportiva de los jugadores debe ir acompañada de la calidad humana. La unión y generosidad se convierte en el intangible fundamental para triunfar.


MIGUEL PANADÉS/ÁREA DE COMUNICACIÓN FEB

El baloncesto, como todos los deportes de equipo, está repleto de ejemplos que confirman que además de talento, las plantillas necesitan de calidad humana. En la Adecco Oro, por sus características particulares, esta circunstancia todavía adquiere mayor relevancia ya que en ella figuran jugadores de altísimo nivel que por diferentes razones, muchas veces coyunturales, se ven compitiendo en una Liga donde no hay más ley que la de la pista ni más estatus que el que se demuestra en cada entrenamiento, en cada partido. La Adecco Oro representa ser profesional desde la humildad de contratos con pocos ceros y mucha exigencia. Representa convivir en la dificultad, bien de abrirse camino en un entorno complicado o prolongar las carreras deportivas aferrándose a esa pasión convertida en profesión que es el baloncesto. Interminables viajes en autocar, muchas horas de convivencia entre compañeros, complicidad ante las diferentes adversidades, distancia con la familia. Pocos privilegios y misma dedicación, y muchas veces talento, que algunas estrellas más mediáticas.

Toda esa suma de razones provoca que de pronto asistamos a momentos tan impresionantes como los vividos durante el Playoff Final de la Adecco Oro entre Andorra y Lucentum. A demostraciones de máximo talento de jugadores poco conocidos para el aficionado general aunque claramente reconocibles entre los entendidos que, tras meses, años, de esfuerzo silencioso, focalizan toda su calidad hacia el objetivo de un triunfo vital en sus respectivas carreras como es el ascenso. Por eso, jugadores veteranos y jóvenes, expertos en baloncesto élite o habituales de la las ligas Adecco se fundían en lágrimas de emoción al sentirse campeones, triunfadores en un baloncesto que demasiadas dirige los focos sólo hacia los mismos protagonistas, hacia los mismos clubes.

Rafa Huertas no podía contener las lágrimas ante las cámaras de televisión y destacaba el grupo humano mientras reivindicaba ese jugador español capaz de convertirse en líder del grupo y llevarlo hasta lo más alto. El escolta cordobés de 28 años enviaba un claro mensaje a todos los Directores Deportivos y entrenadores que por estas fechas construyen plantillas para la próxima temporada. Lo que sucede en el vestuario, en los viajes, en las reuniones de equipo, en la dinámica de los entrenamientos son intangibles relacionados con la calidad humana, con la ética de trabajo y se convierten en elementos diferenciales añadidos al talento.

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