DIRECCIÓN

Las claves del Método FEB

09/07/2013


El director deportivo de la Federación Española de Baloncesto, Ángel Palmi, analizó en las páginas de El Mundo los éxitos del Método FEB en unas categorías de formación en las que se debate si debe primar el estilo o los resultados. Palmi desgrana las claves de un exitoso método que ha llevado a conquistar una media de 5 medallas cada verano.


E. J. CASTELAO Y L. SÁEZ BRAVO/ EL MUNDO

Las selecciones absolutas de fútbol y baloncesto acumulan, de 2006 hasta aquí, dos Mundiales (uno y uno), y cuatro Europeos (dos y dos). Seis títulos en siete años a la espera del Campeonato de Europa de baloncesto de este verano (Eslovenia, del 4 al 22 de septiembre). Un dispendio de triunfos que no siempre encuentran reflejo en las categorías inferiores, en un proceso inverso al que sucedía hace algunos años. Este fin de semana han concluido para los equipos nacionales el Mundial sub’20 de fútbol –España cayó en cuartos ante Uruguay– y el Mundial sub’19 de baloncesto –España fue quinta tras caer, también, en cuartos–. En lo que al fútbol respecta, todos los equipos sub manejan el mismo ideario futbolístico con el que la absoluta ha logrado conquistar el planeta. Pero no por una decisión caprichosa.

«El fútbol base español genera desde hace muchos años muy buenos centrocampistas, ideales para dominar el juego desde la posesión de la pelota», inicia su discurso Luis Milla, tres años al frente de la sub’21 de fútbol, más tiempo trabajando en la Federación Española, donde hoy no existe el cargo de director deportivo –lo dejó vacante Fernando Hierro–, pero donde pervive la idea de cuando Milla trabajaba allí. «Un día como hoy estoy más convencido que nunca de que estamos en el buen camino », insiste Milla, algo que refrenda otro técnico de categorías inferiores, juveniles, este del Real Madrid.

Habla Fernando Morientes. «Es bueno que todas las categorías tengan el mismo estilo de juego, y que ese estilo vaya en concordancia con las características de los jugadores». Con esta última frase introduce el matiz de que, al final, todos los entrenadores dependen de los jugadores que tengan. En el caso de los seleccionadores, el campo es muy abierto: pueden elegir a quien quieran. «Si por una derrota en cuartos de un Mundial vamos a cambiar... ¡Hombre! Siempre podemos coger a los más grandes y a los más fuertes y... ¡venga! a jugar, pero creo que no», insiste de nuevo Luis Milla.

«No hay que hacer cambios muy sustanciales, sí pequeños retoques», incide Morientes. El estilo de la Fede- ración de Fútbol no está en cuestión. «Debemos reflexionar para ver en qué podemos mejorar, pero no se puede dudar ahora», dijeron, en un discurso casi calcado, Vicente del Bosque y Julen Lopetegui tras la final de la Confederaciones y los cuartos de final del Mundial sub’20.


El estilo del baloncesto:

El estilo como tal, en baloncesto, no es algo tan tangible. Es más dependiente de las características de los jugadores, por lo que sería quimérico un patrón de juego idéntico para todas las categorías. Ni siquiera la absoluta ha jugado siempre igual en sus éxitos recientes. Lo que sí hay en la Federación Española son unas señas de identidad, el elogiado Método FEB, que explica desde el mismo O2 de Praga Ángel Palmi nada más terminar ayer el partido por el quinto puesto del Mundial sub’19, en el que la selección de Luis Guil derrotó a Canadá (72-68). «Es más una forma de hacer», relata el director deportivo, que resume con dos pautas. La primera: «la táctica al servicio del talento»; la segunda: «competir en cada momento».

Habla Palmi de seleccionadores que se acoplan a la materia prima que tienen entre manos para potenciar su desarrollo. Y pone un ejemplo de la absoluta, siempre el espejo, que vale para el resto. «Que en su momento Pau y Marc, o Navarro y Rudy, pudieran estar juntos en cancha es la clave. Con las categorías inferiores pasa igual», relata. «El protagonista es el jugador», sigue, por eso hay «trabajo y formación individualizados para lograr el rendimiento conjunto», especialmente en los casos de «maduración lenta», como en su día el propio Pau Gasol –o ahora el pequeño de la saga, Adrià, que ha estado como invitado con la sub’20 que mañana arranca en el Europeo–, campeón del mundo junior en Lisboa, en 1999.

La competitividad y el compromiso son los otros rasgos característicos, el resorte que activa los resultados, «una media de cinco medallas cada verano [entre femenino y masculino]», hecho inigualable. Y en ese punto, apartado del talento puro y duro, tiene mucho más que decir la defensa, la actitud, donde ocurre justamente lo contrario: «La dictadura del grupo». Y no se negocia. «En este caso los seleccionadores tienen nuestro apoyo para utilizar todo tipo de trampas: defensas zonales, individuales, mixtas», cuenta Palmi, que destaca que aquí, en la lucha, en el amor propio, «España se ganó el respeto del resto». Como ejemplo, el último Eurobasket femenino, donde Lucas Mondelo contrarrestó con eso las carencias físicas de las nuestras.

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