FORMACIÓN

A propósito de Laura Nicholls

15/10/2014


Ha pasado una semana desde que la Selección Española femenina se proclamara subcampeona del mundo y las competiciones nacionales, tanto en Liga Femenina como en Liga Femenina 2, repletas de nuevos talentos jóvenes nacionales, están a punto de comenzar.


A pesar de que la gran mayoría de las protagonistas de la Selección que nos entusiasmó durante la segunda quincena de septiembre jugarán en ligas extranjeras conviene pararnos a reflexionar sobre el comportamiento de una de sus integrantes, Laura Nicholls, todo un ejemplo para muchas de las jóvenes jugadoras que integrarán las dos primeras ligas femeninas españolas. Porque aunque los focos se centren, merecidamente, en jugadoras estelares como pueden ser Alba Torrens o Sancho Little, aunque la atención mediática resalte siempre aquellos talentos que brillan por la anotación o brillantes en el dominio del balón, conviene entender que en este juego llamado baloncesto, el equilibrio lo aportan determinadas piezas que entregan sin reservas todo su esfuerzo al beneficio del grupo escribiendo en mayúsculas la palabra generosidad.

De Laura Nicholls me hablaba recientemente uno de sus entrenadores en selecciones de formación, Carlos Colinas, recordando que ya con quince años su comportamiento era similar al de ahora, capaz de enfrenarse a cualquier rival dentro de la zona, por mucho que le sacara centímetros y con una continuidad en el esfuerzo tal que revalorizada todos y cada uno de sus minutos en pista. Todos y cada uno de los entrenadores que han disfrutado de su capacidad de trabajo, desde Ramón Jordana en Siglo XXI hasta Lucas Mondelo en la Selección Absoluta, pasando por José Ignacio Hernández al frente del Rivas Ecópolis la pasada temporada, entre otros muchos, resaltan esa capacidad de brega constante a la que ha ido sumando con el tiempo un conocimiento del juego que le permite tomar cada vez mejor las decisiones justas y adecuadas a sus capacidades.

Laura debe ser un referente para muchos pivots, del baloncesto femenino y masculino, que se inician en ese oficio de ganarse minutos y espacio cerca de los aros. Demuestra que no hace falta ser la más alta, ni la que tenga mejor salto, ni las más habilidosa. Pero sí hace falta hacer cada acción con la máxima concentración e intensidad, llegar siempre a los dos aros lo más rápido posible en las transiciones defensivas y ofensivas, anticiparse e ir con todo a los rebotes, tener buena técnica defensiva, poseer dos o tres buenos movimientos en ataque, tanto de cara como de espaldas… conocer el oficio de jugar a baloncesto y entregarse a él con el corazón. Todo ello le ha convertido en una de las mejores pivots de Europa, en una de las más reconocidas, en una jugadora de inmenso valor por lo que suma en tangibles e intangibles. En un ejemplo a seguir por muchas jugadoras y jugadores de nuevas generaciones.

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