FORMACIÓN

Preparación psicológica en categorías de formación (Por Ana Mermejo)

01/04/2015


Al nombrar Psicología del Deporte podemos pensar en ideas como fomentar que nuestros jugadores estén motivados, tengan ganas de entrenar y salgan con actitud a jugar; no se rindan a la primera de cambio y sean capaces de meter los tiros libres en el último segundo. Provocar y canalizar estas emociones se trabaja desde la psicología. Pero hay otros aspectos que quizás pasen más desapercibidos.


Al hablar de motivación en categorías de formación no debemos fijarnos únicamente en el deseo de ganar cada partido. ¿Conocéis a algún niño al que no le guste ganar? A priori, el niño siempre va a hacer todo lo que esté en su mano por conseguir la victoria. Sí que pensamos que hay jugadores que podrían esforzarse más, que no hacen todo lo que pueden… ¿Pero realmente es problema de motivación? Quizás sí. Igual ese niño prefiere practicar otro deporte y está allí por obligación. En jugadores adolescentes, ¿qué hay detrás de esa falta de hambre? En numerosas ocasiones, esta variable es la manifestación de un problema más delicado: falta de confianza en uno mismo, miedo a exponerse al posible ridículo por no hacer las cosas que esperan los demás… Es entonces cuando algunos jugadores se ponen la coraza y cogen el camino más rápido: dejan de ir a entrenar, culpan a los demás o muestran indiferencia ante el error, ante la derrota. Aparentan un conformismo que no es del todo real.

Una variable muy visible dentro de una pista de baloncesto es el nivel de activación. ¿Cuántas veces vemos cometer una falta innecesaria por una actividad defensiva sobreexcitada? ¿O que se escape el balón de las manos al correr un contraataque? Puede entenderse una mala coordinación en velocidad o profundizar en que el jugador está demasiado excitado y el cuerpo únicamente refleja la actividad mental de ese momento. Parciales de inicio de 0-8 ante un rival inferior por no haber salido con la activación óptima para iniciar una competición. ¿Motivación? ¿Les da igual ganar? ¿O es problema de la relación tensión-relajación en su nivel de activación? Cada acción del juego requiere una activación concreta y el jugador debe ir conociendo y regulando su nivel óptimo en cada una de estas situaciones. En deportistas jóvenes, el dominar esta variable les ayudará a desarrollar una percepción de autocontrol que influirá muy positivamente en su autoconfianza. El trabajo de esta variable en los tiros libres puede ser muy interesante.

La autoconfianza es la variable psicológica más determinante en el rendimiento de un jugador. El entrenador no debe confundir un control real de la situación, basado en posibilidades y recursos disponibles con una falsa autoconfianza en la que la aparente motivación esconde recursos pobres y expectativas demasiado altas. Mensajes públicos como “hoy vamos a ganar seguro” no siempre son reflejo del estado anímico del equipo. Id más allá. Recordad esa coraza que todos nos ponemos alguna vez para evitar que alguien descubra nuestras inseguridades.

El control del estrés en las situaciones del juego tiene una relación directa con el desarrollo de la autoconfianza. Vemos la presión del público a la que están expuestos algunos niños ya desde muy pequeños. Ya no hablo de los comentarios que tienen que oír, más o menos afortunados según en qué momentos, sino de la cantidad de personas que tienen observándoles. ¿Cientos de personas en semifinales del Campeonato Mini? ¡Miles de espectadores en las finales! Fenomenal, ¡qué éxito tiene nuestro deporte! A seguir creciendo, por supuesto, pero cuidado… preparemos a nuestros deportistas jóvenes para canalizar toda esta repercusión social. Enseñémosles a usar las redes sociales.

Al hablar de atención debemos fijarnos en el número de estímulos que tienen nuestros jugadores actualmente. Fuera de la pista son innumerables y el controlar muchos de ellos está fuera de nuestro alcance. ¿Qué podemos hacer con los estímulos que hay dentro de la pista? El jugador siempre debe tener claro cuál es el objetivo del ejercicio y a qué estímulos debe atender en cada momento: balón, defensa por delante, ayudas, compañero con ventaja, tiempo de posesión… Con la información y medios que tenemos a nuestro alcance, la mayoría de los entrenadores estáis muy preparados, mucho; pero no por ello nuestros jugadores entienden todo lo que decimos. A veces damos mucha información por sabida, tiempos muertos que son un caos… y el jugador no se está enterando de nada. Muchos jóvenes llegan (o empiezan) en categoría infantil/cadete… y su formación deportiva hasta entonces ha tenido muchas carencias. Nos alarmamos de que jugadores junior duden en conceptos básicos y los damos por perdidos. ¡Qué lástima! Comprobar y asegurarse de que el jugador está entiendo lo que le estamos contando es fundamental para evitar pérdidas de tiempo y frustraciones. Vale más invertir un minuto más en explicación y aclarar dudas que repetir el ejercicio mal durante siete minutos por no haber entendido qué había que hacer o cómo debía hacerse. Eso sí, palabras necesarias y constructivas. Sermones los justos. Ojo con los que no reconocen sus carencias por no quedar en ridículo, que los hay.

La cohesión de equipo puede darnos un plus a la hora de competir con identidad. El niño busca el reconocimiento de los demás constantemente. El adolescente es un ser social por naturaleza y necesita sentirse que forma parte de un grupo con objetivos comunes. Potenciar el esfuerzo grupal, el sentirse partícipe de los éxitos y los fracasos a partes iguales, desarrollando una responsabilidad individual dentro de un colectivo dota al jugador de una madurez que difícilmente evitará en los momentos más complicados. Prevenir la holgazanería social dentro de un equipo es un reto difícil para cualquier entrenador. En selecciones cobra especial importancia el trabajo de aceptación de roles. El no asumir un rol diferente al que el jugador está acostumbrado no depende exclusivamente de lo egoísta o generoso que sea el jugador con el equipo. El apoyo que recibe el adolescente en la lectura de su nueva posición potencia o inhibe su rendimiento, no por ganas, sino por inseguridades e inestabilidad emocional.

Para acabar, quiero destacar el aspecto más importante que, a mi parecer, no debe olvidar nunca un entrenador en categorías de formación. Como entrenadores nos gusta sacar lo mejor de nuestros jugadores. Sin embargo, eso no debe ser incompatible con hacer sentir al jugador que el rendimiento que va a tener como deportista no es lo único que le define como persona. En la adolescencia, su autoestima cobra un papel protagonista y su auto concepto personal no debe estar ligado exclusivamente al rendimiento que obtenga como jugador de baloncesto. No pasa nada si un jugador está triste por perder un partido pero no debemos provocar que un adolescente piense que no sirve para nada porque no es capaz de jugar a baloncesto en alto nivel o porque se ha quedado fuera de la selección nacional. Prevenir frustraciones personales también entra dentro de nuestro rol de entrenadores.

Debemos ser muy conscientes de la responsabilidad social que entablamos con el deportista en este proceso. Tal vez nos sintamos solos o incomprendidos… incluso perdidos alguna vez, pero debemos quitarnos la idea de que pedir consejo es señal de debilidad y hacer del deporte de formación un compromiso de todos. Seamos responsables para evitar juguetes rotos en el baloncesto. Entrenadores, clubes y aficionados.

Ana Mermejo
Entrenadora de Baloncesto
Máster en Psicología del Deporte

www.anamermejo.es
@anamermejo

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