RED EXPERIENCIAS FEB

Carrasco y Ortega: Duelo breve

14/04/2015


El duelo de los entrenadores tras las decepciones suele ser breve, tanto como las celebraciones por haber alcanzado un objetivo. La mente de los técnicos viaja siempre en modo futuro visualizando ya el siguiente reto y en el caso de Gaby Carrasco y Miguel Ángel Ortega, tomando además perspectiva de lo realizado.


MIGUEL PANADÉS/ÁREA DE COMUNICACIÓN FEB

Seguro que ni Gaby Carrasco ni Miguel Ángel Ortega pudieron conciliar bien el sueño tras la última derrota de la temporada y por su mente fueron apareciendo una tras otra imágenes del partido, el segundo en Huelva, el tercero en Salamanca, recordando tanto acciones de sus jugadoras como decisiones tomadas o no por ellos mismos. Los entrenadores llevan consigo un singular componente de autocrítica que muchas veces raya el masoquismo, responsabilizándose de todo lo malo que les puede suceder a sus equipos, de todos los errores del juego colectivo. Algunos lo muestran más de cara al exterior y otros se excusan en los errores de las jugadoras para justificar el mal rendimiento común pero todos, sin excepción, se autoevalúan internamente no pudiendo escapar de sus conciencias. La soledad del entrenador se basa fundamentalmente en que nadie como él, ni los jugadores o jugadoras que dirigen, ni sus ayudantes que le acompañan, ni el entorno del equipo que le apoya o le critica, sufre tanto las decepciones como ellos. Al estado de ánimo general, el entrenador une siempre ese cruel sentimiento de culpabilidad.

Pero el duelo, reacción del cerebro necesaria según la psicología tras vivir cualquier disgusto, se ha de pasar durante un tiempo proporcional al hecho en si y como de lo que hablamos es de baloncesto, de deporte, obviamente esa depresión mental dura poco, apenas un día, quizás dos, porque inmediatamente la mente del entrenador toma perspectiva y consigue un positivo análisis sobre el porqué de las cosas consiguiendo así una valoración objetiva que le permite recuperar el optimismo. El miedo y el optimismo se convierten en dos grandes herramientas de superación del ser humano y por supuesto de los entrenadores. El miedo a perder decía el exentrenador del Barcelona de fútbol Josep Guardiola que le permitía estar más atento. El optimismo se convierte en la siguiente y fundamental herramienta para afrontar la siguiente semana, la siguiente temporada con la ilusión necesaria.

Carrasco y Ortega a estas horas ya han recuperado el ánimo y sienten orgullo, merecido orgullo, por la temporada realizada, por la capacidad que han tenido para competir durante la fase regular y en los Playoff. Ya piensan en el futuro, ya diseñan planes y buscan ese camino que les permita ser mejores, todavía mejores, ellos mismos y hacer mejores, todavía mejores, a las jugadoras que entrenen. Dirán que quieren desconectar un tiempo pero mentirán, porque los entrenadores no desconectan nunca de esa pasión convertida en obsesión, de la que viven, algunos, y para la que viven, todos.

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