SELECCIONES

REFLEXIONES SELECCIÓN: El valor de una medalla

21/09/2013


Inevitable decepción por quedar fuera de la lucha por el oro pero conjura general por terminar el campeonato en el podio de los mejores, ahí donde siete selecciones de nuestro baloncesto han subido este verano. Los mayores son el ejemplo de las nuevas generaciones y ese ejemplo empieza por la ambición hasta el final.


MIGUEL PANADÉS

José Manuel Calderón no necesitó demasiado tiempo para focalizar el siguiente objetivo del equipo. “Ahora vamos a por el bronce”. Fue una reacción de DEPORTISTA, de un competidor nato que además de sumar éxitos conserva un valor fundamental como es el de la humildad. Sí, porque una selección acostumbrada siempre a luchar por el oro de pronto cambia de escenario y una canasta de más o de menos le lleva a jugar la “final por el bronce”, esa que ningún semifinalista quiere disputar pero un montón de jugadores, de buenos jugadores, condenados a pelear por puestos muy inferiores estarían encantados de jugarla.

Ángel Palmi, Director Deportivo de la FEB, transmite siempre este mensaje a todas las selecciones durante el verano y observamos una tras otra como aquellas que quedan apeadas de la final saltan al partido siguiente por el bronce con la misma ambición, más si cabe, que si compitieran por el oro. Se unen varias razones como la del valor que siempre tiene volver a casa con una medalla y como no la del orgullo deportivo, esa condición que provoca salir siempre a ganar, sea un amistoso o un partido decisivo y mucho más si es el último reto de un campeonato.

En el caso de la Absoluta la responsabilidad de conseguir la victoria en el último partido se multiplica porque al orgullo propio y al ejemplo sobre las nuevas generaciones se añade la habitual generosidad con un aficionado que el domingo por la tarde se pondrá delante del televisor con la ilusión de volver a vibrar con su selección. Ese aficionado que se levantó entusiasmado del sofá ante Serbia y que se lamentó por la derrota ante Francia. El mismo que, en reacciones absolutamente normales, ha pasado del elogio a la crítica, de las dudas al optimismo en cuestión de días, incluso de horas.

El último partido de un campeonato, sobretodo cuando en juego está una medalla, es mucho más importante de lo que parece. Le llaman el partido de la consolación y lo cierto que el consuelo sólo llega si se termina con un buen sabor de boca. Esta selección que ha vivido altibajos de eficacia durante el campeonato, durante los mismos partidos, se ha caracterizado por dar siempre el máximo, por “entregarse al baloncesto” desde el salto inicial. A veces ha conseguido el objetivo y otras, como ante Francia le ha faltado para lograrlo algo más de acierto y sobrado calidad del adversario. Pero siempre, siempre, ha ilusionado y, ante Croacia, precisamente el rival con el que inició el campeonato obteniendo una clara victoria, volverá a saltar a la pista consciente del valor de una medalla.





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