SELECCIONES

Si el jugador brilla, el entrenador triunfa

19/09/2011


El éxito de cualquier entrenador es ver como sus jugadores brillan por encima de los demás. Cuando Navarro es capaz de convertirse en el MVP es que el trabajo de Scariolo ha sido el adecuado.


ÁREA DE ENTRENADORES FEB
Miguel Panadés

Las selecciones españolas, masculinas y femeninas, seniors y de formación, consiguen situar a sus jugadores y jugadoras en los quintetos ideales de los campeonatos de que disputan. Como consecuencia de ello consiguen acabar los campeonatos como protagonistas en las ceremonias de entrega de medallas. Ahí se ven un montón de sonrisas, abrazos y entre ellos aparece siempre la figura discreta de seguramente quien más satisfecho se encuentra: el entrenador.

En este baloncesto de actor que propone sistemáticamente la Federación Española el objetivo de todos los técnicos es conseguir que las estrellas, que los protagonistas destaquen no para ese éxito personal sino para que la suma de calidades beneficie al conjunto del producto. La clave está en conseguir que Navarro ejerza de Navarro, que Pau se sienta Pau, que Marc haga de Marc, que Rudy vuele como vuela Rudy, que Ibaka destaque por lo que destaca siempre como Ricky, que Calderón se sienta EL BASE del equipo, que Sada aporte esa dureza que aporta, que Felipe se sienta feliz por estar ahí, como Claver, como San Emeterio, como Lull, como todos estos actores secundarios que aparecen en escenas puntuales pero fundamentales en el desarrollo de la película.

Gana el conjunto cuando el brillo del individuo va dirigido al beneficio general. Cuando ese protagonista es capaz de entregar el premio a un compañero, cando el balón circula para que acabe en las manos de quien es más hábil. Saber coordinar todas esas virtudes, saber gestionar esta suma de talentos no es fácil. El éxito del entrenador no es hacer destacar la gran táctica que asombre al mundo sino que sus jugadores sean ellos mismo, se encuentren a gusto en la pista, con sus roles y además consigan ensombrecer al rival.

España, en los cuartos, semifinal y final, jugó para presente y Scariolo movió las piezas con la eficacia necesaria para que se sintieran implicados en su papel de estrellas, de protagonistas. Fueron tres partidos de diferentes características pero coincidentes en el hecho de que cuando terminaron se ensalzó a los protagonistas, se recordaron sus acciones, sus finalizaciones. Y ahí fue cuando más destacó el entrenador.

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